Dislexia y TDAH: Guía para Detectar Dificultades de Aprendizaje en Niños

La detección temprana de las dificultades de aprendizaje es el factor más determinante para el éxito académico y, sobre todo, para el bienestar emocional de un niño. Cuando un menor presenta dificultades persistentes para leer o para mantener la atención, no se trata de falta de esfuerzo o desinterés. En muchos casos, nos encontramos ante perfiles de neurodiversidad que requieren una mirada experta y empática.

Identificar estas condiciones en el año 2025 implica entender que el cerebro infantil tiene una plasticidad asombrosa. Sin embargo, para aprovechar ese potencial, primero debemos comprender qué está sucediendo en su proceso cognitivo. La relación entre la lectura, la escritura y la autorregulación es más estrecha de lo que parece a simple vista.

Dislexia y TDAH: La conexión entre el lenguaje y la atención

Es fundamental entender que la dislexia y el TDAH no son condiciones aisladas en muchos pacientes. Se estima que entre el 30% y el 50% de los niños diagnosticados con uno de estos trastornos también presentan rasgos del otro. Esta coexistencia se denomina comorbilidad y requiere un enfoque diagnóstico mucho más fino.

La dislexia es un trastorno del aprendizaje de origen neurobiológico que afecta principalmente a la precisión y fluidez en el reconocimiento de palabras. Por otro lado, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se caracteriza por un patrón persistente de inatención, hiperactividad o impulsividad que interfiere con el funcionamiento diario.

¿Por qué aparecen juntos con tanta frecuencia? La ciencia sugiere que ambos comparten una base genética y afectan a zonas similares de la corteza prefrontal, encargada de las funciones ejecutivas. Cuando un niño lucha por decodificar una palabra (dislexia), consume tantos recursos cognitivos que su capacidad de atención se agota rápidamente. A la inversa, un niño que no puede sostener la atención (TDAH) cometerá errores en la lectura por pura impulsividad, saltándose renglones o inventando finales de palabras.

Señales de alerta para la detección temprana

Detectar estas dificultades no siempre es evidente, ya que los niños suelen desarrollar estrategias de compensación muy ingeniosas para ocultar sus retos. No obstante, existen hitos que podemos observar según la etapa de desarrollo.

Indicadores en la etapa de educación infantil (3 a 6 años)

En esta fase, la sospecha no suele venir de la lectura en sí, sino del desarrollo del lenguaje oral y las habilidades motoras:

  • Retraso en el habla: Dificultad para pronunciar palabras complejas o invertir sílabas (decir ‘pátalo’ por ‘plátano’).
  • Dificultad con las rimas: Problemas para identificar sonidos que terminan igual, lo que indica una baja conciencia fonológica.
  • Problemas de secuenciación: Dificultad para seguir instrucciones de más de dos pasos o para recordar los días de la semana.
  • Inquietud motora extrema: Incapacidad para permanecer sentado incluso en actividades que le interesan.

Indicadores en la etapa de educación primaria (6 a 12 años)

Es aquí donde el contraste entre el esfuerzo del niño y sus resultados suele hacerse más evidente:

  • Lectura silábica y lenta: El niño parece agotado tras leer apenas un párrafo.
  • Escritura con omisiones y sustituciones: Cambia la ‘b’ por la ‘d’, o la ‘p’ por la ‘q’, y olvida poner tildes o haches de forma sistemática.
  • Desorganización material: pierde los lápices, olvida los libros en clase o no anota los deberes en la agenda.
  • Baja tolerancia a la frustración: Estallidos emocionales ante tareas que impliquen un esfuerzo mental sostenido.

El impacto en la salud emocional y la autoestima

Un niño que no entiende por qué le cuesta tanto lo que a sus compañeros les resulta fácil, termina por creer que no es inteligente. Este es el mayor riesgo de la falta de diagnóstico. La dislexia no tratada y el TDAH no gestionado son caldos de cultivo para la ansiedad infantil y la depresión.

Es vital validar su esfuerzo. No basta con decirles ‘tú puedes’; hay que darles las herramientas para que realmente puedan. La intervención psicopedagógica debe ir de la mano con un soporte psicológico que refuerce su autoconcepto. Los niños neurodivergentes suelen ser altamente creativos, con un pensamiento ‘fuera de la caja’ envidiable, pero esa luz se apaga si solo se les evalúa por su capacidad de memorizar o leer rápido.

Estrategias prácticas de apoyo en casa y en el aula

Si sospechas que tu hijo o alumno presenta estas dificultades, el primer paso es buscar una evaluación neuropsicológica completa. Mientras tanto, puedes implementar ciertos ajustes que alivian la carga cognitiva:

  • Segmentación de tareas: Divide los deberes en micro-objetivos de 10 o 15 minutos. El éxito en pequeñas dosis motiva más que una montaña de deberes inalcanzable.
  • Uso de soportes visuales: Los niños con TDAH y dislexia suelen ser pensadores visuales. Usa mapas mentales, pictogramas y calendarios de colores.
  • Fomentar la lectura compartida: Lee con él, no le obligues a leer solo en voz alta frente a otros si esto le causa angustia. El objetivo es que no pierda el gusto por las historias.
  • Tecnología asistiva: En 2025, disponemos de lectores de texto y correctores ortográficos que pueden ser ‘muletas’ temporales para que el niño demuestre sus conocimientos sin que la ortografía sea una barrera insalvable.

Hacia un diagnóstico profesional integral

El diagnóstico no debe verse como un estigma, sino como un mapa de carreteras. Un informe clínico realizado por especialistas en neurología pediátrica o psicología educativa permite establecer adecuaciones curriculares necesarias.

Estas adecuaciones pueden incluir más tiempo en los exámenes, la reducción de la carga de escritura o permitir que el niño demuestre lo aprendido de forma oral. Organizaciones internacionales de salud recalcan la importancia de tratar cada caso como único, entendiendo que el cerebro de cada niño tiene su propio ritmo de maduración.

Para profundizar en los criterios clínicos, se pueden consultar recursos de autoridad como los manuales diagnósticos de la OMS, que ofrecen una visión global sobre los trastornos del neurodesarrollo.

En conclusión, la dislexia y el TDAH presentan desafíos reales, pero con el apoyo adecuado, estos niños no solo alcanzan sus metas, sino que suelen destacar en áreas que requieren intuición, empatía y resolución de problemas compleja. Nuestra misión como adultos es ser sus mejores aliados en este proceso de descubrimiento.»
aprendizaje.

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¿Cómo diferenciar una dificultad de aprendizaje de la falta de motivación o esfuerzo?

La clave está en la persistencia y el agotamiento. Mientras que la falta de interés suele ser situacional, las dificultades de aprendizaje son constantes y el niño suele mostrar un esfuerzo extenuante sin obtener resultados proporcionales. Si un menor evita las tareas no es por «flojera», sino como mecanismo de defensa ante una tarea que su cerebro procesa con gran dificultad, lo que requiere evaluación especializada.

¿La dislexia y el TDAH desaparecen al llegar a la edad adulta?

No son enfermedades que se curan, sino condiciones neurobiológicas que acompañan a la persona durante toda su vida. Sin embargo, con una intervención temprana, los niños desarrollan estrategias de compensación eficaces. Muchos adultos con dislexia o TDAH llevan vidas exitosas y destacan en áreas creativas o de resolución de problemas complejos, utilizando herramientas tecnológicas y métodos de organización personalizados para gestionar sus retos.

¿Cómo explicarle a un niño su diagnóstico sin dañar su autoestima?

El enfoque debe ser positivo y normalizador. Explícale que su cerebro tiene un «sistema operativo» diferente: quizás es increíblemente rápido para las ideas y la creatividad, pero necesita trucos distintos para la lectura o la concentración. Usa metáforas, compáralo con un deportista que necesita un entrenamiento específico y, sobre todo, recalca que su diagnóstico es una guía para ayudarle, no una etiqueta que limite su potencial.

Preguntas Frecuentes

Q: ¿Qué debo hacer si sospecho que mi hijo tiene dislexia o TDAH?

A: El primer paso fundamental es solicitar una evaluación neuropsicológica completa realizada por especialistas en neurología pediátrica o psicología educativa. Este diagnóstico funciona como un mapa de carreteras que permite entender el perfil cognitivo del niño y establecer las adecuaciones escolares necesarias para su bienestar.

Q: ¿Cómo ayuda la tecnología asistiva en el día a día escolar?

A: Herramientas como los lectores de texto y los correctores ortográficos funcionan como apoyos temporales que eliminan las barreras mecánicas del aprendizaje. Esto permite que el menor demuestre su nivel real de conocimiento y creatividad sin que las dificultades en la ortografía o la lectura lenta bloqueen su desempeño académico.

Q: ¿Por qué es beneficioso segmentar las tareas escolares?

A: Debido a que el esfuerzo cognitivo que realizan estos niños es mucho más intenso que el de sus compañeros, las tareas largas pueden resultar abrumadoras. Dividir los deberes en micro-objetivos de 10 o 15 minutos permite alcanzar pequeños éxitos constantes, lo cual es clave para mantener su motivación y evitar estallidos de frustración o ansiedad.

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